El Instituto Pasteur de Irán, el centro de investigación médica más antiguo e importante del país, fue alcanzado por ataques aéreos el 2 de abril de 2026. El complejo, que contaba con más de 1300 empleados y producía millones de dosis de vacunas al año, incluidas las de BCG, hepatitis B, polio y COVID-19, sufrió graves daños y quedó fuera de servicio.
Tras el ataque, se detuvo la producción de vacunas y se debilitó la vigilancia epidemiológica nacional, lo que aumenta la vulnerabilidad ante posibles brotes. Diversos actores internacionales advirtieron sobre el impacto en la salud pública y recordaron que las instalaciones médicas están protegidas por el derecho internacional humanitario, calificando su destrucción como una grave violación de estas normas.
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