• El presidente de China, Xi Jinping, (izda.), recibe al sultán de Omán, Haitham bin Tarik Al Said, en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín, 2 de noviembre de 2026.
Publicada: martes, 3 de noviembre de 2026 0:21

China defendió la paz en Asia Occidental y advirtió de que el Golfo Pérsico no debe convertirse en un campo de batalla entre grandes potencias.

Al referirse a las profundas transformaciones que atraviesa actualmente el mundo, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China citó al presidente Xi Jinping, quien señaló que la región “no debe convertirse en un escenario de rivalidad entre grandes potencias ni de conflictos geopolíticos”.

Asimismo, destacó que “la paz y la estabilidad en la región requieren el esfuerzo conjunto de todas las partes para fomentarlas y protegerlas”, Xi realizó estas declaraciones durante una reunión celebrada el lunes en Pekín con el sultán de Omán, Haitham bin Tariq Al Said, quien se encontraba de visita en China.

En referencia a los esfuerzos de Pekín para contribuir a poner fin a la guerra, que provocó el cierre del estrecho de Ormuz y alteraciones en el suministro energético mundial, el mandatario chino expresó su deseo de aportar “sabiduría y soluciones para resolver los dilemas de seguridad de la región”.

Asimismo, manifestó la disposición de China a reforzar la comunicación y la coordinación con los países árabes, incluidos los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por países árabes ribereños del Golfo Pérsico), con el objetivo de trabajar conjuntamente para restablecer la paz y alcanzar una estabilidad y seguridad duraderas.

En una declaración conjunta de 20 puntos, Pekín y Mascate pidieron encontrar soluciones pacíficas a la actual guerra entre Estados Unidos e Irán, aplicar el Memorando de Entendimiento de Islamabad, firmado por ambas partes en junio, y reanudar el diálogo.

Más tarde, el mismo lunes, el Ministerio de Asuntos Exteriores de China anunció que Zhai Jun, enviado especial de ese país para Asia Occidental, viajará este mes a Irán, Omán y Arabia Saudí.

 

La tercera guerra impuesta contra la nación iraní comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una nueva agresión contra Irán, unos ocho meses después de sus anteriores ataques contra el país.

Teherán respondió con oleadas de misiles y drones contra los territorios ocupados por Israel, así como contra bases e intereses estadounidenses en distintos puntos de la región.

En respuesta a la agresión, Irán cerró el estrecho de Ormuz e impidió el tránsito de buques estadounidenses y de sus aliados por esta vía estratégica. La medida provocó fuertes alteraciones en los mercados energéticos internacionales y elevó los precios del petróleo y los combustibles, especialmente en Estados Unidos.

Ante las dificultades de suministro, Washington y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) recurrieron en varias ocasiones a las reservas estratégicas para intentar estabilizar los mercados.

Tras la firma del memorando de entendimiento entre Irán y Estados Unidos en Islamabad, en junio, Teherán reabrió el estrecho de Ormuz. Sin embargo, las Fuerzas Armadas iraníes volvieron a cerrar esta vía marítima después de que Washington impusiera un bloqueo a los puertos iraníes.

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