Publicada: sábado, 14 de febrero de 2026 13:56

Documentos filtrados revelan una campaña monárquica para impulsar apoyo externo a un ataque militar y “cambio de régimen” en Irán.

Por: Behnam Sarmadi

Un conjunto de documentos filtrados, compartidos con el sitio web de Press TV, ofrece una inusual y reveladora visión de una campaña coordinada por grupos promonárquicos destinada a movilizar a sectores de la diáspora iraní en favor de una intervención militar extranjera contra Irán.

Los documentos —entre ellos un comunicado interno y un “asesoramiento mediático” de diez puntos— delinean una estrategia que no se centra en la reforma política ni siquiera en el cambio político interno, sino en la acción militar externa como vía para un “cambio de régimen” en la República Islámica de Irán.

El llamado perentorio coincide con las convocatorias de Reza Pahlavi a protestas callejeras en Múnich, Toronto y Los Ángeles este sábado, mientras él mismo se encuentra en Múnich realizando gestiones de cabildeo a favor de una acción militar contra Irán.

En conjunto, los materiales sugieren un intento organizado de influir en la opinión pública internacional, generando la impresión engañosa de que el respaldo a una intervención militar extranjera surge de manera orgánica dentro de la propia comunidad iraní.

Irónicamente, esto ocurre menos de una semana después de que decenas de millones de personas se manifestaran en todo Irán con motivo del 47.º aniversario de la Revolución Islámica, reafirmando su lealtad al proceso revolucionario y rechazando con firmeza a quienes buscan desestabilizar el país mediante guerras o disturbios.

Un llamamiento directo a la acción militar

El comunicado que circula en círculos monárquicos, desde grupos de WhatsApp hasta canales de Telegram, no deja margen para la ambigüedad. Exhorta explícita y formalmente a una intervención militar extranjera:

“Nuestra solicitud: exigimos la aproba Oriente Medio (Asia Occidental) , y la libertad a Irán”, se lee en el texto.

El documento también presenta la respuesta de la República Islámica a los recientes disturbios violentos —que dejaron más de 3100 muertos, en su mayoría civiles y miembros de las fuerzas de seguridad— como una “masacre de 20 000 manifestantes”, cifra fabricada con el propósito de construir una justificación moral para la agresión.

Dicha cifra fue amplificada por determinados grupos occidentales de “derechos” y medios de comunicación vinculados a los monárquicos y al lobby sionista, pese a carecer de evidencia que la respaldara.

La mayoría de estas afirmaciones fueron posteriormente refutadas por Press TV, que expuso una campaña coordinada de desinformación destinada a moldear y manipular la opinión pública occidental sobre los acontecimientos en Irán.

Captura de pantalla de una sección de un comunicado que circula en círculos monárquicos

 

Los documentos prometen explícita e inequívocamente a potencias extranjeras, incluido Estados Unidos, que un Irán posterior a la invasión serviría a sus intereses estratégicos.

“La caída del régimen significa: contener a China y Rusia con un aliado estratégico, acceso de empresas estadounidenses al mercado iraní, e Irán poseyendo el 9 % de los recursos [mundiales]”.

Además, se comprometen a reembolsar los costos de la guerra:

“La oposición y el pueblo de Irán han anunciado que reembolsarán todos los costos de la guerra por el cambio de régimen tras la liberación, mediante petróleo y oro”, señalan los documentos filtrados.

El comunicado presenta la intervención extranjera como un imperativo moral; sin embargo, su redacción se asemeja más a una propuesta comercial revestida de retórica patriótica: una subasta de la soberanía nacional al mejor postor.

El titiritero

En el centro de esta operación se encuentra Reza Pahlavi, hijo del dictador respaldado por Occidente que fue derrocado en 1979. Desde su residencia en Maryland, se ha erigido en la figura emblemática de un proyecto que sus críticos describen como “una pieza en un juego siniestro jugado por Estados Unidos y el régimen israelí”.

Durante años, Pahlavi mantuvo una apariencia de neutralidad política, reconociendo la improbabilidad de restaurar la monarquía. No obstante, cada vez que estallaban disturbios en Irán, aprovechaba la coyuntura para exigir la eliminación de la República Islámica y la restauración del trono.

Su alineamiento con neoconservadores y sionistas de línea dura durante la administración Trump puso de manifiesto su verdadera orientación, al respaldar la denominada campaña de “máxima presión” contra Irán, alegando que las sanciones asfixiantes reflejaban la voluntad del pueblo iraní.

Sus vínculos son igualmente reveladores: fue visto junto a Sheldon Adelson, el difunto magnate republicano que llegó a sugerir el uso de un arma nuclear contra Irán, y participó en eventos del el Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente (WINEP, por sus siglas en inglés), un centro de estudios vinculado a AIPAC, conocido por su agenda agresivamente proisraelí.

Cuando las políticas de Trump no lograron el “cambio de régimen” que tanto promovía, Pahlavi buscó un respaldo más directo del régimen israelí, visitando los territorios ocupados en medio del genocidio en Gaza y respaldando abiertamente tanto dicho genocidio como la agresión militar contra Irán.

Durante la guerra de junio de 2025, celebró los bombardeos israelíes y estadounidenses sobre Irán, que dejaron más de 1000 iraníes muertos, en su mayoría civiles, incluidas mujeres y niños.

La estrategia mediática de diez puntos

Los organizadores de las protestas programadas han difundido una serie de “recomendaciones” mediáticas que se asemejan menos a orientaciones espontáneas de base y más a un manual destinado a generar visibilidad como parte de una campaña de influencia coordinada centrada en Irán.

  • Movilización en capitales

Se instruye a los simpatizantes a concentrarse en Washington, Londres, París, Los Ángeles y otras ciudades de alto perfil, no necesariamente para aumentar la magnitud real, sino para crear una determinada imagen. El énfasis es inequívoco: la proximidad a los grandes centros mediáticos importa más que el número efectivo de asistentes.

  • Lenguaje de participación obligatoria

En un pasaje revelador, se insta a los participantes a llevar amigos y familiares “por cualquier medio posible”, incluso bajo pretextos alternativos. El lenguaje prioriza el conteo de asistentes sobre el compromiso auténtico, sugiriendo que la afluencia —cualquiera que sea su origen— constituye el objetivo primordial.

Captura de pantalla de un asesoramiento mediático titulado “10 mandamientos secretos para conquistar los medios mundiales, la opinión pública y a los políticos en la próxima semana”

 

  • Mensajes en inglés

El documento ordena que todas las consignas se expresen en inglés y se centren estrictamente en el “cambio de régimen” y el “ataque militar”, presentados explícitamente como una cuestión de seguridad occidental. Las directrices parecen concebidas más para responsables políticos y medios extranjeros que para una audiencia interna.

  • Uso de IA

Se promueve el uso de herramientas de inteligencia artificial para producir carteles en masa, compilar listas de contactos de periodistas y ampliar el alcance hacia los medios internacionales. La tecnología funciona aquí como multiplicador para la amplificación narrativa, más que como instrumento de participación cívica genuina.

  • Estrategia visual

Se instruye a los participantes a portar banderas de los países anfitriones y a posicionarse estratégicamente para crear la impresión de multitudes más numerosas en tomas aéreas.

Reuniones pequeñas y cuidadosamente escenificadas en lugares simbólicos se consideran más eficaces que concentraciones más grandes, pero menos visibles, en un reconocimiento explícito de que la percepción puede prevalecer sobre la participación real.

  • Instalaciones simbólicas en la vía pública

El plan propone asimismo montar exhibiciones conmemorativas —fotografías, velas y carteles— en zonas de gran tránsito para mantener la atención y fomentar la circulación en redes sociales. El énfasis permanece en la visibilidad prolongada más que en la movilización de base.

El documento revela un esfuerzo coordinado por atraer la atención mediática global mientras se proyecta la falsa impresión de que son los propios iraníes quienes exigen la guerra contra su patria.

Explotación de la diáspora

La estrategia depende en gran medida de movilizar a iraníes en el extranjero, muchos de los cuales albergan frustraciones legítimas por cuestiones económicas, pero aman profundamente su país. El propósito es instrumentalizarlos para influir en gobiernos occidentales contra su propia nación.

“Incluso por la fuerza”, sugiere la directriz, los participantes deben ser llevados a las concentraciones.

Su orgullo nacional es instrumentalizado mediante banderas extranjeras, y su legítimo deseo de cambio es cooptado para promover ataques militares que podrían poner en peligro a sus propias familias dentro de Irán.

La campaña promocional en diversas páginas y canales de Telegram llama a la movilización contra la República Islámica y al apoyo a una guerra directa contra la nación iraní

 

Volantes difundidos en línea indican que el transporte hacia grandes concentraciones en ciudades como Los Ángeles ha sido organizado por simpatizantes monárquicos y sus financiadores en diversas capitales.

Si bien el transporte organizado es habitual en el activismo político, la magnitud y coordinación descritas en el asesoramiento apuntan a una planificación centralizada.

Sincronización con las amenazas de Estados Unidos

Tras recientes protestas económicas en Irán, que comenzaron de forma pacífica y posteriormente se tornaron violentas tras ser instrumentalizadas por agitadores respaldados por Estados Unidos e Israel, Donald Trump afirmó que “la ayuda está en camino” y advirtió que las consecuencias serían “mucho peores” que los ataques de junio contra instalaciones nucleares iraníes.

Su administración llegó a desplegar una flota de buques de guerra y portaaviones en Asia Occidental con el propósito de forzar la rendición de Irán, maniobra que fracasó estrepitosamente.

En este contexto, consideran algunos expertos, una demanda pública de intervención proveniente de la diáspora podría servir como cobertura política para sectores de línea dura que buscan una acción militar contra Irán.

El lenguaje del comunicado —al solicitar la “aprobación inmediata” de un ataque militar— proporciona, en efecto, lo que a menudo los responsables políticos extranjeros invocan como requisito previo para intervenir: una invitación presentada como emanada de la población afectada.

La coincidencia en el momento y en el mensaje sugiere una coordinación directa entre agentes monárquicos y responsables políticos estadounidenses de línea dura que han presionado intensamente por una guerra contra Irán.

El manual de diez puntos, de manera significativa, instruye a los simpatizantes a portar fotografías de Trump, presentándolo como el “salvador del mundo cristiano”, lo que, según expertos, constituye una estrategia para halagar al presidente estadounidense.


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV