Por: Humaira Ahad
En la fase más decisiva de la diplomacia nuclear entre Irán y Estados Unidos desde la guerra impuesta de junio de 2025, los negociadores iraníes y estadounidenses concluyeron el martes en Ginebra una segunda ronda de conversaciones indirectas, tras una reunión inicial celebrada a comienzos de este mes en Mascate, Omán.
Tanto Irán como Estados Unidos calificaron la última ronda de “muy seria” y “centrada”, aun cuando las amenazas estadounidenses y el despliegue militar continúan proyectándose sobre la región.
Por primera vez, negociadores de ambas partes reconocieron que comienzan a perfilarse los contornos de un posible marco de entendimiento. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, quien encabeza la delegación de su país, señaló que se ha trazado la hoja de ruta a seguir.
En Ginebra, las conversaciones —mediadas por Omán— se desarrollaron en el contexto de una intensificación del despliegue militar estadounidense, una táctica de presión a la que Teherán afirma haberse habituado.
Poco antes de la última ronda, el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, respondió a la retórica bélica de Donald Trump advirtiendo que los misiles iraníes, capaces de hundir portaaviones estadounidenses, son “más peligrosos” que los propios buques de guerra.
Horas antes del inicio de las negociaciones, Irán cerró temporalmente sectores del estrecho de Ormuz para realizar maniobras militares, en una clara señal de que conserva tanto la iniciativa como la capacidad de respuesta ante cualquier escalada.
¿Qué ocurrió en las conversaciones de Ginebra?
La segunda ronda tuvo lugar en la residencia del embajador omaní en la capital suiza, en el tranquilo barrio lacustre de Cologny, y no en el consulado de Omán como se había indicado inicialmente.
El cambio de sede, mantenido deliberadamente en reserva hasta las últimas horas, reflejó el nivel de discreción exigido por Omán tras la confusión generada en la ronda de Mascate.
La delegación iraní estuvo encabezada por Araqchi, mientras que la estadounidense fue liderada por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno y asesor, Jared Kushner.
Al igual que en la primera ronda, no hubo encuentros ni conversaciones directas entre representantes iraníes y estadounidenses. Los mediadores omaníes actuaron como intermediarios entre las salas, trasladando propuestas, contrapropuestas y aclaraciones en un formato estrictamente controlado, concebido para minimizar malentendidos.
El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi, reconoció posteriormente que se lograron avances sustanciales en la identificación de objetivos comunes y cuestiones técnicas, aunque subrayó que “queda mucho por hacer”.
¿Qué figuraba en la agenda de Ginebra?
A diferencia de Estados Unidos, que llegó presionando por compromisos amplios sobre las reservas nucleares de Irán e intentando ampliar las conversaciones a las capacidades defensivas del país, Teherán acudió a Ginebra con un plan claro: las negociaciones se limitarían estrictamente a cuestiones nucleares y técnicas.
Para la delegación iraní, la agenda giró en torno al enriquecimiento de uranio y al levantamiento de sanciones consideradas injustas e ilegales.
Irán dejó explícitamente claro que no se discutiría su programa de defensa ni se atendería la histórica exigencia de Washington de un “enriquecimiento cero”, una condición que la República Islámica rechaza por considerarla irrealista, discriminatoria e incompatible con sus derechos soberanos en virtud del Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear.
Esta postura fue reiterada públicamente en múltiples ocasiones por funcionarios iraníes. Tras las conversaciones, el ministro de Asuntos Exteriores iraní recordó a los delegados en la Conferencia de Desarme de la ONU en Ginebra que el programa nuclear iraní tiene fines pacíficos y que el país posee el derecho a la energía nuclear con fines civiles.
“Este derecho es inherente, no negociable y jurídicamente vinculante”, enfatizó, subrayando que el TNP reconoce explícitamente el derecho inalienable de los Estados a producir y utilizar energía nuclear.
El levantamiento de sanciones permaneció en el núcleo de la agenda negociadora, y los funcionarios iraníes indicaron que ningún gesto por parte de Teherán se concretaría sin una acción medible y verificable desde Washington.
¿Qué dijeron los funcionarios iraníes tras los diálogos?
¿Qué acuerdos se alcanzaron en Ginebra?
¿Por qué persiste la desconfianza?
En el núcleo de las negociaciones persiste una desconfianza profunda. Las conversaciones se han desarrollado en un contexto de crecientes tensiones regionales.
Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en el Golfo Pérsico, enviando primero el portaaviones USS Abraham Lincoln en enero y despachando ahora el USS Gerald R. Ford, que, según informes, se dirige a unirse al grupo de ataque del Lincoln en el mar Arábigo.
A finales de enero, Donald Trump aludió a “otra hermosa armada” de buques de guerra rumbo a Irán y advirtió que la imposibilidad de alcanzar un acuerdo acarrearía consecuencias “mucho peores” que los ataques —calificados de ilegales— perpetrados por aeronaves estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025.
La retirada unilateral estadounidense del Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA o PIAC, por sus siglas en inglés) en 2018, así como el posterior bombardeo de instalaciones nucleares iraníes de carácter pacífico durante las negociaciones del año pasado, son episodios que continúan alimentando la desconfianza.
Esta cautela estructural lleva a Irán a encarar cada ronda de conversaciones combinando la preparación diplomática con la previsión ante un eventual escenario de confrontación.
Aun con los avances procedimentales registrados en Ginebra, ambas partes afrontan un proceso prolongado e incierto antes de que pueda materializarse un acuerdo concreto.
¿Qué sostienen los expertos sobre el camino a seguir?
Los analistas advierten que cualquier intento de establecer un calendario para un eventual acuerdo resulta, por ahora, prematuro.
El trasfondo histórico —en particular la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015 en mayo de 2018 y los bombardeos de junio de 2025 contra instalaciones iraníes de carácter pacífico durante las negociaciones mediadas por Omán— continúa proyectando su sombra sobre el proceso en curso.
Las autoridades iraníes han reiterado la disposición del país a negociar, al tiempo que rechazan de manera categórica cualquier forma de presión o coerción.
Las opciones militares, subrayan los observadores, siguen sobre la mesa para ambas partes, una diferencia sustancial respecto de rondas anteriores.
El consenso es que esta fase, aunque de carácter incremental, constituye el compromiso más serio desde la agresión estadounidense-israelí de junio de 2025 contra Irán.
Irán se declara dispuesto a avanzar hacia mecanismos de verificación y acuerdos estructurados, pero únicamente dentro de un marco que garantice el respeto a sus derechos, preserve el carácter pacífico de su programa nuclear y atienda agravios históricos pendientes.
La cuestión fue asimismo abordada en Ginebra entre la delegación iraní y el director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Rafael Grossi, quien estuvo presente durante las negociaciones.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
