Publicada: jueves, 29 de agosto de 2024 11:45

El Líder de Irán aprovechó el ritual religioso de Arbaín para dirigirse al nuevo gobierno iraní, presidido por Masud Pezeshkian.

Por: Xavier Villar

El Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, aprovechó la celebración de la ceremonia de Arbaín, que conmemora 40 días después de la Ashura (el décimo día del primer mes del calendario lunar islámico islámico Muharram, en que cayó mártir el tercer imam de los musulmanes chiíes, el Imam Husein (P)), para dirigirse al nuevo gobierno iraní encabezado por el presidente Pezeshkian.

El ayatolá Jamenei describió la formación del nuevo gobierno como una “gran bendición” y expresó su agradecimiento a todos aquellos que, tras el trágico asesinato del presidente Seyed Ebrahim Raisi y sus compañeros, ayudaron a mantener la estabilidad del país y organizar unas elecciones seguras y transparentes. Extendió su gratitud a los responsables del gobierno anterior, los medios de comunicación nacionales y otras instituciones involucradas.

En su discurso, Khamenei explicó cómo el presidente Pezeshkian había consultado con él sobre la formación del gabinete. “Aprobé a algunos de los candidatos que conocía o sobre cuya idoneidad me había informado a través de fuentes confiables. Subrayé algunos nombres, pero en muchos casos en los que no tenía conocimiento, simplemente mencioné que no tenía una opinión formada. El presidente logró convencer al Parlamento, obteniendo así la aprobación de todos los ministros. Hoy, todos los ministros son altos funcionarios del país, y es deber de todos apoyarlos y ayudarlos para que tengan éxito”, destacó.

El Líder Supremo instó al nuevo gobierno a valorar la oportunidad de servir al pueblo y trabajar por el progreso del país, calificándola como una “gran bendición divina”. “Aprecien esta confianza que Dios y el pueblo han depositado en ustedes, y recuerden que los cuatro años de servicio pasan rápidamente; sin embargo, en ese tiempo se pueden lograr grandes cosas. Al igual que Amir Kabir, quien en tres años realizó grandes obras, o el querido Raisi, quien en aproximadamente tres años inició buenas bases que, con la voluntad de Dios, darán frutos para el país”, añadió.

El Líder de Irán subrayó la importancia de reconocer y aprovechar los recursos y capacidades del país como clave para un gobierno eficaz. “Hay muchos ejemplos en el pasado de responsables que no reconocieron o no creyeron en los talentos y capacidades internas, causando así daños al país”, afirmó.

El ayatolá Jamenei también destacó las valiosas capacidades naturales de Irán, como su estratégica ubicación geográfica y sus extensas costas, así como su “fe religiosa y política” y los millones de jóvenes educados, a los que describió como “riquezas incomparables”. “Si las reconocemos y utilizamos sus ideas y fuerzas, muchos de los problemas se resolverán”, concluyó.

Además, resaltó las fortalezas políticas y estratégicas de Irán, y recordó que “las experiencias positivas y negativas de los últimos 45 años son lecciones valiosas que deben ser tenidas en cuenta”. También hizo hincapié en la importancia de utilizar expertos en la gestión del gobierno. “Tengo una firme convicción sobre el uso de expertos; este enfoque no solo avanza al país y satisface al pueblo, sino que también hace que el gobierno sea más sabio y reflexivo, alejándolo de la influencia de círculos cerrados y recomendaciones interesadas. Debemos ser cautelosos para que los prejuicios erróneos no se impongan bajo la apariencia de la experiencia”, advirtió.

El Líder, citando al Imam Ali (P), advirtió sobre la importancia de elegir cuidadosamente a las personas a quienes se consulta. “No debemos recurrir a personas avaras, temerosas o codiciosas en la consulta y búsqueda de opiniones expertas, ya que sus características personales pueden influir negativamente en sus juicios y generar problemas”, enfatizó.

En sus recomendaciones, Jameneí destacó la necesidad de priorizar los recursos limitados frente a las numerosas tareas pendientes. “Algunas prioridades son urgentes, como la inflación y el aumento de precios, que deben resolverse de manera adecuada. Otras están relacionadas con asuntos estructurales que, si se descuidan hoy, requerirán atención dentro de 10 años”, señaló.

El ayatolá Jamenei identificó la energía nuclear como una prioridad esencial para el futuro de Irán, rechazando las dudas sobre sus beneficios. “El país no puede privarse de un avance científico y técnico tan crucial, y luego intentar abordarlo años después”, afirmó.

También abordó la cuestión del ciberespacio, subrayando que ya no es solo un espacio virtual, sino una realidad creciente en la vida de las personas, lo que exige una gobernanza adecuada. “Si el ciberespacio en el país se regula, se convertirá en una oportunidad; sin una gobernanza adecuada, se transformará en una amenaza”, advirtió, respondiendo a la confusión y mala interpretación sobre su postura en este ámbito.

Además, el Líder de la Revolución Islámica destacó la importancia de la inteligencia artificial, señalando su rápido desarrollo a nivel global. “Nuestros sistemas militares y civiles ya están utilizando esta tecnología, pero no basta con simplemente aprovecharla; es necesario dominar sus capas más profundas y variadas”, subrayó.

Estas declaraciones del Líder de Irán, como Wali-e Faqih, van más allá de simples recomendaciones, reflejando su papel político fundamental en la implementación de los valores islámicos en la sociedad. La autoridad del jurista, según la doctrina de la “Wilayat-e Faqih”, es absoluta (mutlaqah), abarcando todos los aspectos de la administración islámica y los intereses generales del pueblo. En este sentido, la función del Líder es eminentemente política, y su amplia autoridad debe ejercerse dentro de los límites de la ley islámica, siempre con un firme compromiso con la justicia y la moralidad.

En el contexto de la teoría de la autoridad del Líder en la República Islámica de Irán, el término “faqih” se refiere a un muytahid, es decir, un experto en jurisprudencia islámica que cumple con ciertas cualificaciones específicas necesarias para ejercer la autoridad religiosa y política. Para ser reconocido como tal, el jurista debe poseer tres características fundamentales:

1. Conocimiento Profundo de la Jurisprudencia Islámica: El faqih debe tener un entendimiento extenso y detallado de las leyes y principios islámicos, demostrando una capacidad avanzada para interpretar y aplicar las normas religiosas de manera adecuada y efectiva.

2. Integridad Moral y Ética: Es esencial que el jurista sea una persona de alta moralidad y ética, reflejando un carácter intachable tanto en su vida personal como profesional. Esta integridad garantiza que sus decisiones y acciones estén alineadas con los principios islámicos y sean justas y equitativas.

3. Capacidad para Aplicar las Leyes y Gobernar: Además del conocimiento y la moralidad, el faqih debe tener la habilidad práctica para aplicar las leyes islámicas en la gobernanza y la toma de decisiones políticas. Esto implica tener competencias en administración, liderazgo y una comprensión profunda de la realidad social y política, tanto a nivel nacional como internacional.

Estas características aseguran que el jurista no solo sea competente para interpretar la ley, sino también para liderar y tomar decisiones que reflejen los principios del Islam en la práctica gubernamental.

Además de estas cualificaciones, un jurista calificado debe poseer una visión adecuada de los asuntos políticos y sociales y contar con habilidades de gestión y estrategia. La gestión no solo requiere una base teórica sólida, sino también intuición y capacidad administrativa. No se puede asumir que cualquier jurista justo tiene automáticamente la capacidad para liderar una comunidad; es necesario que también posea las habilidades y la capacidad para dirigir la ummah islámica de manera efectiva.

La importancia de estos requisitos se refleja en el artículo 109 de la Constitución de la República Islámica de Irán, que especifica las características necesarias para el liderazgo de la siguiente manera:

- La competencia científica necesaria para emitir fatwas en diversas ramas de la jurisprudencia islámica.

- La justicia y piedad requeridas para liderar la comunidad islámica.

- La visión política y social correcta, junto con habilidades de gestión, valentía y suficiente capacidad de liderazgo. Entre los candidatos que cumplan con estos requisitos, se prefiere a aquel con mayor comprensión de la jurisprudencia islámica y una visión política más sólida.

Según la teoría de la “wilayat-e mutlaqah-e faqih” (autoridad absoluta del jurista) propuesta por el fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Jomeini (que descanse en paz), la autoridad del líder religioso se estructura de manera jerárquica. En esta teoría, la soberanía total y amplia pertenece exclusivamente a Dios Todopoderoso, quien delega esta soberanía a los profetas divinos y, posteriormente, a sus sucesores. Este marco teórico establece que la autoridad del Líder no solo es amplia en su alcance, sino que también está intrínsecamente ligada a la justicia y la moralidad islámicas, gobernando bajo los principios divinos y con el compromiso de guiar a la comunidad hacia el bienestar general.

En el período de ausencia del último Imán, la autoridad política y religiosa recae en los juristas competentes, quienes actúan como representantes del Imán. Tras la muerte del Profeta, la soberanía pasó a los Imames y a los sucesores del Profeta. Durante la ausencia del último Imán, los juristas musulmanes capacitados asumen el rol de liderazgo y la gestión política de la comunidad dentro del sistema político islámico.

El Imam Jomeini explica que, aunque no se ha designado a una persona específica para el cargo de gobierno durante esta ausencia, la gobernanza es una necesidad imperativa para la comunidad islámica. Según él, no es posible que Dios haya dejado de lado esta cuestión, por lo que, basándose en el discernimiento racional y en las indicaciones textuales, se deduce que la continuidad del gobierno y de la autoridad islámica es esencial incluso en la ausencia del Imán.

Un aspecto crucial en este debate es que, en los asuntos gubernamentales, todas las atribuciones y deberes que pertenecen al Profeta y a los Imames también se aplican a los juristas justos. Sin embargo, esta equivalencia en las atribuciones no implica que los juristas sean iguales a los Profetas y a los Imames en términos de virtudes. El Imam Jomeini subraya en sus escritos, como en los libros “Al-Bay” y “Wilayat-e Faqih”, que la igualdad en los poderes gubernamentales entre los juristas y los Profetas o Imames no significa que compartan el mismo estatus espiritual. Estas dos formas de liderazgo no se encuentran en el mismo nivel.

En conclusión, las palabras del Líder de la Revolución Islámica de Irán deben entenderse en el marco político de la teoría de “Wilayat-e Faqih”, que constituye la columna vertebral de la República Islámica. No obstante, este marco político no debe confundirse con un totalitarismo que ignore las limitaciones impuestas a la función del Faqih por la ley islámica y la necesidad de justicia, así como por las restricciones establecidas en la Constitución iraní. Además, es importante recordar que la figura del presidente también juega un papel relevante dentro de la distribución de poder característica de la República Islámica. Por tanto, la figura del Wali-e Faqih no debe interpretarse como absolutista ni como una que elimina el espacio político para otras instituciones.