En este contexto, Abás Araqchi anunció que "la respuesta oficial de la República Islámica de Irán fue enviada a la parte estadounidense a través de Omán el miércoles 26 de marzo de 2025". El ministro de Asuntos Exteriores subrayó que "esta carta contiene una explicación detallada de las posiciones oficiales de Irán respecto a los desarrollos actuales y una respuesta precisa a los puntos planteados por el presidente Trump, los cuales fueron debidamente comunicados a la parte contraria".
Lo que sorprendió a todos los expertos fue que Irán decidiera enviar su respuesta a la carta de Donald Trump a través de Omán, y no a través de los Emiratos Árabes Unidos, quienes habían sido los encargados de transmitir el mensaje del presidente estadounidense a Irán. Previamente, una delegación de los Emiratos Árabes Unidos encabezada por Anwar Gargash, asesor del presidente de los Emiratos, viajó a Teherán para entregar la carta del presidente de Estados Unidos a Irán. La carta había sido enviada por Steve Witkoff, enviado especial de Trump para Asia Occidental, a Mohammed bin Zayed, presidente de E.A.U., quien la entregó a los emiratíes para que la llevaran a Irán.
La elección de Omán como canal para transmitir la respuesta no es una coincidencia. De hecho, al optar por esta vía, Irán envía un mensaje claro de que la ruta de Mascate puede ser parte fundamental del proceso de negociaciones. Este acto no solo subraya la seriedad de Irán respecto a las negociaciones, sino que también destaca la prioridad que Irán otorga a la diplomacia a través de Omán, un actor clave en las relaciones regionales.
La elección de Omán como mediador es el resultado de años de contactos bilaterales privilegiados. Omán ha sido históricamente el país más cercano a las posiciones iraníes en el Golfo, desempeñando un papel clave y constructivo en la mediación de varios asuntos relacionados con la República Islámica de Irán. A lo largo de los años, las buenas relaciones entre Omán e Irán no se vieron alteradas, incluso tras la Revolución Islámica. A diferencia de otros países del Golfo que temían al régimen iraní y apoyaban al régimen de Sadam Husein, el gobierno omaní adoptó una postura neutral durante la guerra Irán-Iraq. De hecho, Omán jugó un papel fundamental en la mediación para un acuerdo de paz entre ambos países, contribuyendo a poner fin al conflicto. A pesar de las tensiones regionales, ambos países han mantenido relaciones cercanas, no ocultando su cooperación y entendimiento mutuo en un entorno marcado por la incertidumbre y las divisiones en la región.
En este sentido, se pueden entender las recientes declaraciones del ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, quien señaló que "Omán ha desempeñado este mismo papel en el pasado. Tanto en las negociaciones del acuerdo nuclear como en las interacciones durante los últimos años en el gobierno del mártir Raisi, Omán ha sido un mediador". Según el responsable de la diplomacia iraní, "tenemos una buena experiencia con Omán. Confiamos en la buena voluntad de Omán y existe una buena relación entre ambos países. Las relaciones entre los dos países se basan en un entendimiento mutuo. Por lo tanto, la elección de Omán fue una elección completamente natural".
Como signo de su singularidad, Omán declaró que no formaría parte del proyecto de la Unión del Golfo, pero que no obstaculizaría los esfuerzos por la unificación de otros países del Golfo. Esta postura refleja su distintiva política exterior, que se caracteriza por la cautela y el pragmatismo. La renuencia de Omán proviene de varios factores, entre los cuales destacan su diferencia sectaria, las preocupaciones por perder soberanía, y su tradición de mantener una postura neutral en los asuntos regionales. Además, Omán no desea ofender a Irán, especialmente considerando que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) fue establecido en parte para contrarrestar las amenazas de la expansión revolucionaria iraní. En lugar de adoptar una actitud de antagonismo, Omán ha optado por mantener buenas relaciones tanto con los demás países del Golfo como con Irán.
Además, Omán se negó a unirse a la coalición liderada por Arabia Saudita contra el golpe de los hutíes en Yemen, una decisión que probablemente estuvo motivada por sus buenas relaciones con Teherán. Además, Omán evita verse involucrado en conflictos como el de Yemen debido a su proximidad geográfica y sus lazos tribales con el país vecino, temiendo que la inestabilidad y los conflictos se desborden hacia su propio territorio. A pesar de ello, Omán ha continuado desempeñando un papel de mediador en los esfuerzos para resolver el conflicto y ha buscado mantener su neutralidad en la región.
Otro ejemplo claro de la política exterior independiente de Omán se evidenció en enero de 2016, cuando el país no retiró a su embajador de Irán tras los ataques a la embajada saudí en Teherán. A diferencia de otros miembros del CCG, que respondieron de manera más agresiva, Omán mantuvo su diplomacia abierta, aunque condenó el ataque a las embajadas como una violación de los acuerdos internacionales. Esta actitud refleja la postura estratégica de Omán: equilibrar sus relaciones con las potencias regionales, sin renunciar a su independencia diplomática y sin antagonizar a sus vecinos ni a Irán.
Esta relación privilegiada con Omán, construida durante varias décadas, se contrapone a la desconfianza existente entre Irán y los Emiratos Árabes Unidos por culpa de las relaciones que Abu Dhabi mantiene con Israel.
En 2020, los Emiratos Árabes Unidos normalizaron sus relaciones con Israel. Junto con Baréin, se convirtieron en los primeros estados árabes en establecer lazos diplomáticos formales con el estado judío desde que Egipto y Jordania firmaron tratados de paz con Israel en 1979 y 1994, respectivamente. Los Acuerdos de Abraham, como se conoce al pacto de normalización de 2020, posicionaron a los Emiratos Árabes Unidos como un socio cercano de Israel.
Desde el 7 de octubre, la imagen de los Emiratos Árabes Unidos ha experimentado un notable deterioro en toda la región. Una encuesta realizada en enero de 2024 por el Arab Center Washington D. C. reveló que el 67% de los encuestados en dieciséis países árabes consideraban que la postura de los Emiratos respecto a la guerra de Gaza era mala o muy mala. Este creciente sentimiento anti-emiratí plantea serios desafíos para un estado que se preocupa por su imagen internacional. El gobierno emiratí está particularmente preocupado por los informes de acoso y ataques verbales dirigidos a los ciudadanos emiratíes cuando viajan a otras partes de Asia Occidental, debido a la relación de los Emiratos con Israel.
A la preocupación por la reacción regional se suma la frustración interna en torno a los acuerdos de normalización con Israel. Emiratíes prominentes que en su momento apoyaron la normalización con el estado hebreo ahora expresan su desencanto. "Israel avergonzó a los firmantes [de los acuerdos]. Netanyahu no congeló los asentamientos, como había prometido hacer. A Israel simplemente no le importa, y ahora hay una reacción en la opinión pública", explicó un analista emiratí especializado en política regional. La decepción interna y el creciente malestar en la región son signos de las tensiones que enfrentan los Emiratos, que deben navegar entre los desafíos internos y las repercusiones de su alineamiento con Israel.
La elección de la vía omaní, por tanto, se entiende en gran medida por esa combinación de confianza hacia la política de Mascate, demostrada durante décadas, así como por la desconfianza hacia los Emiratos y su acercamiento político y militar con Israel. Este vínculo resulta absolutamente inaceptable desde el punto de vista iraní, descalificando a Abu Dabi como posible mediador en un contexto donde la neutralidad y la buena voluntad son cruciales.
Por Xavier Villar