Por Xavier Villar
La primera gran crisis del segundo mandato presidencial de Donald Trump, apenas dos meses después de su inicio, estalló cuando un periodista estadounidense fue incluido por error en un grupo de Signal—una aplicación de mensajería cifrada similar a WhatsApp—donde altos funcionarios discutían planes para un ataque de Estados Unidos contra Yemen.
Según reveló el periodista y editor de la revista estadounidense The Atlantic, en los mensajes a los que tuvo acceso se podía leer cómo Pete Hegseth, actual secretario de Defensa de Estados Unidos y ex presentador de Fox News, divulgó detalles operativos por los que actualmente está siendo investigado. Además, en el grupo se discutió la necesidad de llevar a cabo ataques contra Yemen, como represalia por su apoyo a Palestina mediante la interrupción del tráfico marítimo en el Mar Rojo, así como las justificaciones del gobierno de Trump para llevar a cabo dichas acciones.
En parte de los mensajes intercambiados, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el secretario de Defensa de Estados Unidos criticaron a Europa y destacaron que solo Estados Unidos puede garantizar la libertad de navegación en el mar Rojo, lo que vuelve a poner de relieve cómo la relación entre los Estados Unidos y Europa no pasa por su mejor momento.
Todo parece indicar que fue el asesor de seguridad nacional, Mike Waltz, quien incluyó al editor de The Atlantic en el grupo de Signal de manera involuntaria. La cuestión de fondo, ya no es el error de Waltz, sino la propia utilización de una app de mensajería para tratar temas de seguridad nacional.
En este sentido, varios expertos en el campo de la diplomacia y la política, han afirmado que escándalos como este eran inevitables dada la falta de experiencia de muchos de los altos funcionarios de Trump cuando ingresaron a la administración. Estos expertos ponen el foco, por ejemplo, en la figura del actual secretario de Defensa, alguien sin la experiencia necesaria para un cargo como el que desempeña.
Por su parte, miembros del partido demócrata han aprovechado el escándalo para cargar contra la administración republicana de Trump. Según, Jon Ossoff, senador demócrata de Georgia: “Esto es lo que sucede cuando tienes personalidades de Fox News actuando como funcionarios del gobierno”.
Los mensajes filtrados no solo revelan detalles sorprendentes sobre la postura de altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, sino que también reflejan un grave fallo en términos de inteligencia y seguridad operativa. El hecho de que se hayan discutido planes sensibles en una aplicación de mensajería no cifrada es un error que, desde la óptica de expertos en inteligencia, representa un peligro significativo. En uno de estos mensajes, el secretario de Defensa escribió: “actualmente estamos limpios en OPSEC”, refiriéndose a la seguridad operacional. Esta afirmación resulta particularmente paradójica, dado que fue realizada en una plataforma no segura, donde esta información podría haber llegado fácilmente al gobierno yemení.
Desde el punto de vista de la inteligencia, este tipo de descuido tiene múltiples implicaciones. La exposición a actores estatales y paraestales, como son los integrantes del Eje de Resistencia, podría haber permitido que estos interceptaran la comunicación y la usaran para adelantar sus movimientos estratégicos. Tal filtración de información podría dar a estos actores una ventaja considerable, permitiéndoles modificar sus propios planes de acción en respuesta a las operaciones estadounidenses. En el caso de Irán, que mantiene una política de defensa activa en la región, o de los yemeníes, que luchan contra la intervención extranjera, acceder a estos detalles operativos podría haberles otorgado un conocimiento crucial para fortalecer su resistencia.
Además, la falta de precaución en el manejo de las comunicaciones pone en duda la efectividad de los protocolos de seguridad de las agencias de inteligencia de Estados Unidos. Este incidente pone de manifiesto fallos en la protección de la información sensible, exponiendo a la nación a riesgos innecesarios. Si los altos mandos del gobierno no pueden garantizar la seguridad de sus comunicaciones más importantes, la confianza en su capacidad para proteger operaciones estratégicas se ve gravemente comprometida.
Este tipo de fallos no solo tiene repercusiones a nivel táctico y operativo, sino que también mina la percepción global de la fiabilidad de Estados Unidos en el manejo de la seguridad. Los aliados pueden cuestionar la integridad de las comunicaciones estadounidenses, mientras que los adversarios pueden aprovechar cualquier debilidad para avanzar en sus propios intereses. En última instancia, este incidente subraya que la seguridad operativa no es solo cuestión de protocolos, sino de responsabilidad en el manejo de la información, y en este caso, esa responsabilidad fue gravemente descuidada.
Por último, es necesario volver a poner el foco en la cuestión política y, en concreto, en la nueva situación que ha surgido entre Washington y Europa. Los mensajes filtrados dejan en claro que Trump autorizó los ataques bajo la excusa de mantener abiertas las rutas marítimas, lo que se alinea con la visión de largo plazo de Estados Unidos sobre su papel global. Sin embargo, esto pone en duda, una vez más, las supuestas intenciones aislacionistas de los Estados Unidos bajo su presidencia, ya que la justificación para la operación no se centra en una necesidad interna, sino en una estrategia geopolítica global, subrayando que Washington sigue jugando un papel activo en los asuntos internacionales.
Por otro lado, lo que queda patente en estos mensajes es la total falta de sintonía entre Europa y Estados Unidos. Vance, en su análisis de la operación, la vio como un favor a Europa, no como una necesidad que Washington ha asumido históricamente en el marco de su política exterior. En uno de los mensajes del grupo, el vicepresidente expresa: “Simplemente odio sacar a Europa de nuevo”. A lo que Hegseth responde: “Comparto completamente tu aversión a la carga gratuita europea. Es PATÉTICO”. Mientras tanto, Waltz agrega que la operación debería añadirse a la lista de “cosas horribles sobre por qué los europeos deben invertir en su defensa”.
De estos mensajes se desprende que, aunque Trump dio “luz verde” a los ataques, esta decisión no fue meramente una cuestión de política exterior o de seguridad global, sino que estuvo condicionada por la expectativa de algo a cambio por parte de Europa, específicamente algún tipo de concesión económica. Este intercambio implícito refleja una relación tensa y desbalanceada, donde Estados Unidos parece ver a Europa más como un socio que debe pagar por sus propios intereses de seguridad, que como un aliado estratégico en igualdad de condiciones. En este contexto, la falta de coordinación y la desconfianza mutua son señales claras de cómo la relación transatlántica está atravesando un momento de redefinición bajo la administración Trump, donde las expectativas de reciprocidad y beneficios económicos se imponen sobre los tradicionales lazos de cooperación política y de defensa.